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“Señores, nuestros problemas en Veracruz han terminado…
Ya estamos perforando en la Rosa Blanca”.
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Manuel Rosero Ávila nos necesita.
Gracias Señor Gobernador por su apoyo, pero Manuel necesita más apoyo.
…reconocer que estamos jodidos no es vergonzoso, ni pecado...

reynaldocastromelgarejo@hotmaio.com

11 de febrero de 2008


Antes de entrar en materia de los títulos y subtítulos de esta colaboración, respetuosamente quiero expresar mi solidaridad con mi Querida Amiga y nuestra compañera Rosalinda Sáenz y Zárate, ante tan dolorosos acontecimientos familiares, Dios la Bendiga siempre al igual que a todos sus seres queridos.

Entrando en materia, también quiero compartirles mi sentimiento de solidaridad con nuestro Amigo Manuel Rosero Ávila y pedirles su generoso y sincero apoyo moral y de ser posible económico para quien desde su cama sirve a su comunidad y a la sociedad; no deja de ser un servidor publico y luchador por el bien común a través de su columna “Perfiles” en varios medios de comunicación en el estado; y, en el mundo por la gracia de las páginas de Internet.

En estos días y sin dejar de escribir, Manuel se prepara cada día para su quimioterapia; la verdad es que su recuperación va muy lenta; no me atrevería a hacer este comentario si no supiera que mi Amigo que ahora sufre una dolorosa enfermedad, no tuviera tantas y tantos Amigas y Amigos; y conocidos agradecidos a quienes les ha servido y le tienen afecto y agradecimiento, por su sinceridad, franqueza, profesionalismo, humanismo, buen humor y firme convicción del valor de la amistad y eso me hizo pensar que tal vez muchos de ellas y ellos no están enterados de lo que nuestro amigo sufre.

Sin duda Manuel siempre está atento y amable con quienes lo quieran saludar, pero ahora no lo puede hacer por teléfono porque ya que no puede hablar; pues le cortaron las cuerdas bucales y hasta que no le pongan un aparato especial, podrá volver a hablar; pero valiente como siempre ha sido y es ahora, está contento de que le podamos mandar mensajes a la computadora o al celular.

A Manuel lo operaron el 21 de Diciembre del año pasado en el área privada del Hospital General del Puerto de Veracruz; la operación consistió en una cirugía de la Laringe, o lo que es lo mismo extirpación de cuerdas bucales y laringe, ya que estaba completamente invadida por cáncer. Permaneció un mes 6 días internado. Hoy está en recuperación en su domicilio, bajo supervisión médica, ya que diariamente es sometido a radiaciones, esto durante 35 días y después se le hará una valoración general.

Manuel me ha reiterado su agradecimiento, y yo me uno a ello en este caso especial, al Gobernador Fidel Herrera, al Doctor Manuel Lila de Arce, al Doctor Raúl Zamora, al Doctor Navarrete, así como a muchos amigos y amigas que han estado pendientes de su salud desde el mismo día en que lo internaron, el 12 de diciembre del año pasado.

Nuestro amigo me comentó que aún cuando estaba recién operado, no ha dejado de mandar su columna, porque: “…es la esencia viva que me mantiene alerta, es como si fuera la mejor medicina”.

Pero “la mejor medicina” que se aplica nuestro Amigo a través de escribir y la mejor atención que recibe médicamente con el apoyo de los funcionarios mencionados a quienes les reiteramos nuestro agradecimiento, no son suficientes. A nuestro Amigo le falta apoyo económico para subsanar sus necesidades primordiales, lamentablemente en ese tema del apoyo económico, ha sido poca la asistencia que ha tenido, seguramente por la razón de que no estamos bien informados en ese tema.

Para evitar hacerle pasar una pena, conseguí un número de cuenta bancaria al que le voy a depositar lo que más pueda ante mi modesta situación económica y les pido sinceramente y sin pena o vergüenza alguna, les suplico, que ayudemos a nuestro Amigo Manuel con lo que más podamos económicamente depositando al Banco HSBC al numero de cuenta 6137058062 del Puerto de Veracruz.

Estoy seguro que a nuestro Amigo pudiera darle pena, pero yo le pido que no piense así, que quien pueda depositarle en un banco lo hará con el amor al prójimo y a su amistad, desde donde se encuentre, cada quien hará lo propio en cuanto pueda; lo poquito que se pueda será de corazón y solidaridad con nuestro querido Amigo; reconocer que estamos jodidos no es vergonzoso, ni pecado...que Dios los bendiga siempre y la salud de nuestro querido Amigo Manuel Rosero Ávila sane pronto.

Si alguien puede enviarle o llevarle todo tipo de apoyo por modesto que pueda parecerle, el domicilio de nuestro Amigo es: Ignacio de la Llave 788 entre 20 de Noviembre y 2 de Abril. Colonia Zaragoza, en el Puerto de Veracruz.

Gracias por su Bondad y generoso apoyo Económico y Moral para quien ahora sufre lo que cualquiera de nosotros podría sufrir.



“Señores, nuestros problemas en Veracruz han terminado…
Ya estamos perforando en la Rosa Blanca”.


Así dice el texto de uno de los diálogos en la película La Rosa Blanca (1961). Una película considerada de ficción que mezcla hechos reales con ficción y algunos documentales de la expropiación petrolera; está basada en la novela del mismo nombre del escritor B. Traven (Seudónimo), publicada en 1929.

Ahora que se promueven desde diversos foros, estrategias de coinversión como el llamado coloquio “Ley de Proyectos de Prestación de Servicios” que pretenden de distintas formas la participación de capital privado nacional y extranjero en la explotación petrolera en México, bien vale la pena que las autoridades estatales promuevan la proyección y difusión de la película “La Rosa Blanca”, para que el pueblo de Chicontepec, de todos los municipios de la sierra de Otontepec y la región del llamado paleoncanal, de Veracruz y de México sepa lo que ocurrió ya que parcialmente se presentan en la película hechos que ocurrieron, lo que pagó el pueblo de Veracruz y de México, en muchos de sus integrantes con bienes, propiedades, libertades y vidas y que inevitablemente terminó en la Expropiación Petrolera de 1938.

Nada mejor que las mismas autoridades promuevan un rescate de lo que ocurrió plasmado en una película de ficción mezclada con hechos reales, que está en la mente de muchas mujeres y hombres que la han aceptado como una historia basada en la vida real, para que nunca vuelva a suceder y expliquen porqué, según ellos será mejor lo que ahora proponen.

Yo no me opongo a la inversión privada en Pemex, sin embargo creo que debemos darnos un tiempo para dejar que PEMEX opere con la mayor autonomía de gestión como empresa, tenga un régimen fiscal que le permita disponer de sus propios recursos económicos y explore, explote y produzca petróleo y sus derivados; reactive y establezca refinerías y produzca gasolina en México y dejemos de importarla, así como otros subproductos; para que las inversiones privadas sean muy especificas, sin que se corra el riesgo de que quede endeudada con empresas nacionales o extranjeras que muy pronto o más tarde, pretenderán sacar al gobierno de la participación y administración de esa paraestatal.

La necesidad de aceptar la inversión privada en Petróleos Mexicanos, es inevitable y es consecuencia de la corrupción y la mediocridad en Petróleos Mexicanos (PEMEX) y en otros estratos y niveles de gobierno y de la administración pública, pero debe ser muy clara la explicación no solamente a los inversionistas o gremios de profesionistas y de opinión, también debe ser clara para el pueblo en general y en particular, para quienes viven en las regiones a explorar y a explotar y son dueños de las tierras que habrán de vender y nunca jamás ser expropiadas a precio de miseria.

Ante la falta de atención de las mismas autoridades, como bien sabemos, “espacio que se deja vacío alguien lo llena”, hay espacios que mantienen partes de la misma película y están circulando por la red de Internet. En la página de You Tube desde el 16 de enero de este año, en dos links que son: http://www.youtube.com/watch?v=T-KhAeVJiwo
y http://www.youtube.com/watch?v=gb6OLqIFQPI&feature=related, se presentan breves videos que son parte de la famosa película “La Rosa Blanca”, ubicada en el año de 1937. En ella participaron Ignacio López Tarso y Rita Macedo,

La Película tiene ubicada su filmación e historia en el Norte del estado de Veracruz y estuvo censurada por 11 años por distintas razones, entre otras aparentemente, porque denunciaba las actitudes intolerantes de las poderosas compañías petroleras gringas que de manera ilícita se apropiaban de los terrenos de los campesinos veracruzanos, así mismo muestra los movimientos obreros que llevaron al gobierno del General Cárdenas a declarar la Expropiación petrolera en México.

También muestra en el contexto de la historia ficción del argumento, dentro de la película, la colaboración del gobierno del estado de Veracruz con los ejecutivos y testaferros de las compañías petroleras, pues no obstante que el indígena Jacinto Yáñez es analfabeta, queda como válida una firma falsificada para despojar al mismo Jacinto Yáñez y sus familiares de sus propiedades, sin que la autoridad estatal hubiera velado y defendido los derechos y propiedades de un indígena veracruzano ante los ambiciosos dueños de la Cóndor Oil Company. Cabe observar que en 1937, año en que está ubicada la película, el gobernador del estado de Veracruz era Miguel Alemán Valdez y lo fue de 1936 a 1940.

En la vida real, Miguel Alemán siendo gobernador promovió una versión de la CONAGO y fue también presidente del bloque de Gobernadores constituido con el objeto de apoyar al Ejecutivo con motivo de la Expropiación Petrolera de 1938, después director de la campaña presidencial del general Manuel Ávila Camacho, Secretario de Gobernación de 1940 a 1945 y Presidente de la República de 1946 a 1952.

En el desarrollo de la historia ficción y la película, La Rosa Blanca, (filmada en 1961 siendo presidente Don Adolfo López Mateos) ubicada en una comunidad de la huasteca veracruzana con influencia Totonaca, dominan la avaricia, la ambición y la complicidad, consecuencia de la corrupción y la conducta de los ambiciosos y cómplices. Indígenas Totonacas junto con miles de familias pagaron un alto precio: sus propiedades y sus vidas en cientos o miles de casos, para que en una hacienda llamada La Rosa Blanca, propiedad de Don Jacinto Yánez (Ignacio López Tarso) quien había desmontado y extendido las tierras de cultivo en la tierras que fueron de sus padres y sus abuelos, se perforaran pozos petroleros; según la historia de la película, la apropiación de las tierras y las riquezas del suelo y el subsuelo de aquellos respetables indígenas, fue atropellada por ciudadanos estadounidenses apoyados por las autoridades estatales de Veracruz

Una frase relevante de quien tenía la encomienda de los jefes de la petrolera norteamericana de convencerlo, que ahora sigue vigente el licenciado Pérez: “Todo hombre tiene su precio”, enseñándole un montón de monedas de oro para despertar su ambición, lo cual fue rechazada terminantemente; la inmediata respuesta del representante de la empresa fue de amenazas, advertencias en contra de Don Jacinto Yañez y de sus familiares; le advirtieron que eran capaces de encerrarlo en un manicomio y declararlo “LOCO”, lo cual ya se había hecho con otros propietarios que se negaron a vender; “que no querían cooperar con el progreso”, decía que sus jefes no aceptarían un “No” como respuesta y eso le pesó al mismo Don Jacinto y a su familia. Tiempo después según la historia en la película, con engaños fue llevado a la ciudad de Los Ángeles, California en Estados Unidos, en donde fue traicionado, engañado y asesinado.


“Señores, nuestros problemas en Veracruz han terminado…Ya estamos perforando en la Rosa Blanca.” Así se expresa el más alto directivo de la Cóndor Oil Company, en la película llamada “La Rosa Blanca”, basada en la novela del mismo nombre del autor B. Traven, quien en verdad era un seudónimo que utilizó el novelista de origen alemán Traven Croves Torvan – quien vivió de 1890-1969, en 1951 se nacionalizó mexicano y murió en México en 1969.

Según alguno de sus biógrafos, B. Traven, el autor de tan estrujante historia ocurrida en contra de indígenas mexicanos y supuestamente totonacos, según la película que estuvo censurada por el gobierno mexicano por más de 10 años, fue estibador en Nueva Orleáns y en 1923 embarcó rumbo a México. Trabajó en Tampico, Tamaulipas, en compañías petroleras; allí escribió El barco de la muerte (1925), una novela autobiográfica. En la ciudad de México estudió arqueología en la Universidad Nacional Autónoma de México y se trasladó al sureste del país, en donde convivió con grupos indígenas mayas. Conocedor de la problemática nacional, escribió novelas dramáticas, algunas de las cuales fueron llevadas al cine mexicano, como: Macario, La rebelión de los colgados, La Rosa Blanca y Canasta de cuentos mexicanos. En Estados Unidos fue adaptada al cine su novela El tesoro de la Sierra Madre, que dirigió en 1947 John Huston con la participación del actor Humphrey Bogart. También escribió La carreta, Puente en la selva, Aslan Norval y Estudio antropológico de Chiapas. Nacionalizado mexicano desde 1951.

Según Humberto Matalí Hernández en http://diarioimagen.net/2611074.html, “Traven ocultó su verdadero nombre y nacionalidad, hasta que el periodista Luís Suárez lo reveló. Hace cincuenta años se afirmó que el autor de las obras era Esperanza López Mateos, representante y traductora de las novelas y cuentos de Traven, además hermana del expresidente Adolfo López Mateos. La investigación de Luís Suárez, con algunas lagunas, afirma que en la ciudad de México vivía Traven Torsvan, que alguna vez fue Ret Marut, de origen alemán y bajo el seudónimo de B. Traven escribió las obras literarias. La mayor parte de las novelas fueron publicadas en Alemania entre los años l929 y 1937.

La fecha de nacimiento de Traven Torsvan o Ret Marut o B. Traven se estima por 1890 y falleció el 26 de marzo de 1969 en la ciudad de México. El 4 de marzo de ese año, ante notario aceptó que utilizó los seudónimos literarios de B. Traven y Hal Croves. Sin embargo, muchos de los datos sobre su vida, la salida de Alemania, su actitud ante el nazismo y otros hechos permanecen en el misterio. Sin demérito de la excelsa obra y en especial la “Rosa Blanca”, en donde denuncia el comportamiento y la barbarie de las compañías petroleras para apropiarse de los terrenos y de la riqueza del subsuelo”.


En la “Viña del señor”, hay distintas opiniones respecto a la misma película. Vale la pena compartirles la siguiente. En Punto y Aparte del 2 de Febrero de 2006 http://www.puntoyapartexal.com/edicion/ver_nota.asp?xid=781&xfecha=02/02/2006, en la sección: Cine, José Luís Escalante Cordero nos ilustra con su siguiente artículo:

ROSA BLANCA

Compitiendo con el director de cine Julio Bracho y la película La sombra del caudillo (producida por los trabajadores sindicalizados del cine en el año de 1960 que no se exhibió al público, hasta muchos años después de haberse rodado, porque así convenía a los intereses políticos de los líderes de la Sección de Técnicos y Manuales, además de las razones inherentes al tema antimilitarista posrevolucionario que aborda), Roberto Gavaldón, tuvo el indisputable privilegio de realizar una de las más ambiciosas películas oficiales que dirigió en su veteranía, misteriosamente escamoteada para su exhibición normal, a la vista y con la anuencia tácita de sus propios dueños. Enlatada, almacenada, extraviada en trámites, no autorizada por razones oscuras, carente de supervisión legal, o incomparable al menos en papel membretado de la oficina de censura gubernamental llamada Dirección General de Cinematografía). Esa cinta fue Rosa Blanca (1961), una especie de secuela prestigiosa al “éxito” del filme Macario que acometió al año siguiente de él, la empresa CLASA, entonces veladamente estatal, contando con el equipo básico del filme precedente: el camarógrafo Gabriel Figueroa, el adaptador Emilio Carballido anhelando volver pieza teatral filmada otra narración ubicada en México del escritor B. Traven, el actor Ignacio López Tarso y el propio Gavaldón que con esa cinta consumaba su Opus 35.

De nada sirvió que el director de cine Roberto Gavaldón hubiese sido Diputado Federal en el Congreso de la Unión. La cinta no salió a su exhibición al público sino hasta mediados de 1972 en que, por arte de magia periodística, su caso fue revalorado repentinamente para demostrar la magnanimidad de la apertura democrática echeverrista en el campo del viejo cine y para enderezar entuertos retrospectivos. Nadie sabe, nadie supo las razones que motivaron la prolongada prohibición. Los rumores que propalaban los consultores de la kábala de intereses que dominaban la política nacional afirmaban que se debió al riesgo de que los Estados Unidos se sintieran ofendidos por el nacionalismo de la cinta, o bien que la obra había herido la susceptibilidad de la familia alemanista, doblemente tocada. Nadie supo, a nadie le importará ya saberlo jamás. De cualquier manera el destino de la reputación creativa de Gavaldón no necesitaba que comparecieran tantas maldiciones, prestigios y ambiciones para ser devaluado.

A una hacienda cafetalera con trenecito de tarima que transporta tanto pencas de plátano como cristianos, último reducto del paraíso porfiriano, llega el licenciado Pérez (Luis Beristáin) representante de la compañía petrolera Cóndor en su carcachita modelo 1937 bajo los lujuriosos manglares. Desembarca en la casa grande y arroja sobre la mesa del corredor un maletín lleno de monedas de oro para tratar de comprarle su propiedad a Jacinto Yánez (Ignacio López Tarso). Jacinto rechaza el ofrecimiento y el gobernador del Estado de Veracruz, en Jalapa, apoya ante Pérez la posición del campesino. Enterado de ello, en Los Ángeles, California, uno de los principales accionistas de la Cóndor Oil Co., Mr. Kollenz (Reinhold Olsewski), consulta el caso con su consejo de administración y decide utilizar los servicios de Abner (John Nelly), un sujeto sin escrúpulos que habla castellano. En Veracruz, Abner se sirve a la vez de Pedro Triguillo (Tony Carvajal), contratista por cuenta de la Royal Dutsch, para presentarse ante Jacinto como un tipo interesado en adquirir caballos para su rancho californiano. Abner logra caer muy bien a la familia Yánez; incluso regala a Carmen (Rita Macedo) la esposa de Jacinto, una estampa religiosa. Después, Abner acepta tres caballos obsequiados por Jacinto a condición de que éste lo acompañe a visitar California. Jacinto, forzado a hacer el viaje, es llevado por Abner con engaños ante Kollenz. Con ayuda de Abner, Kollenz hace creer a Jacinto que le darán cien mil dólares sólo por comprometerse a no vender la tierra a la competencia. Sin embargo, Jacinto se niega a firmar el contrato, que no entiende, Kollenz monta entonces en cólera y Jacinto, comprendiendo la verdad, decide irse. Abner logra que Jacinto consienta en visitar su supuesto rancho y, en el camino, lo mata. Un impostor firma el contrato en nombre de Jacinto, que era analfabeto; eso impedirá que se descubra la impostura. Dos meses después, los Yánez, que siguen esperando a Jacinto, pero Abner ha huido al extranjero. Lupe para un hijo y Domingo no tiene más remedio que entrar a trabajar con la compañía de Condor; sus peones lo imitan. Las duras condiciones de trabajo provocan movimientos de huelga entre los trabajadores al servicio de las compañías extranjeras. Se produce entonces la expropiación petrolera (vistas documentales). Kollenz, resignado, dice a su amante Georgette (Christian Martell) (a quien ha regalado valiosos coches y joyas) que deberán viajar a Arabia, en busca de nuevos objetos de explotación.

Once años después de su realización, cuando Rosa Blanca fue al fin estrenada, pudieron deducirse las “inconveniencias” políticas que provocaron su enlazamiento por la censura: quizá fueron ellas, no sólo la denuncia de los manejos inescrupulosos de las grandes compañías petroleras internacionales, sino el que saliera en el filme un ex presidente de México, Miguel Alemán Valdéz, gobernador de Veracruz en la época en la acción de la cinta se ubicaba (un amable Alejandro Ciangherotti que eterniza la sonrisa optimista del entonces gobernador veracruzano), el que hubieran en los diálogos referenciales inusuales a la CTM y, en fin, varios detalles que se oponían al empeño de mantener al cine nacional ajeno a la historia y a la política recientes del país, aunque la visión de una y otra fueran, como en ese caso perfectamente oficialista; al cine mexicano le estaba vedado incluso el elogio político si éste debía hacerse al precio de la mención concreta. Sin embargo, la cinta resultaba peor que floja. Su historia pretendía establecer nexos (muy precarios) entre la actitud rebelde de un hacendado veracruzano, encarnación de la nostalgia de aquellas arcadias bucólicas tan reivindicadas por el cine nacional frente a los peligros enajenantes del mundo moderno, y la necesidad de la expropiación petrolera. Esto resultaba bastante peregrino, puesto que daba pie a que se pensara que lo malo no era tanto que las compañías extranjeras quisieran apoderarse de los terrenos petrolíferos, sino que la propia explotación del petróleo supusiera el fin de las haciendas donde todos eran felices, ignorantes y primitivos, bajo la égida de un papá-patrón tan bueno como el que interpretaba López Tarso.

Aunque la mediocridad se vista de antiimperialista, mediocridad se queda. La peligrosidad de Rosa Blanca desemboca a fin de cuentas en una simple alteración de fechas: el régimen lopezmateísta después de poner a buen recaudo al movimiento ferrocarrilero se sintió autorizado a incorporar a su retórica las conquistas legítimas del régimen cardenista por supuesto confundiéndolas con una rosa tristona, verbosa y obvia que le ofrecía el gentil director cinematográfico Roberto Gavaldón. Rosa Blanca o dadme un estertor de nacionalismo caduco de los años cuarenta y coronaré magnánimamente una existente beligerancia fílmica de los años setenta. Para Gavaldón, un conflicto social de la índole y las dimensiones del que pretende representar, es reductible al melodrama miserable de un hipotético campesino histórico, poseedor de los secretos más profundos de esa sabiduría popular que con tanta dedicación elaboraron los cineastas mexicanos a lo largo de la historia de nuestra industria cinematográfica. Igualmente, la atracción de una gran empresa imperialista, dependerá de los caprichos de la amante de su presidente y de las frustraciones personales de éste.

Pero lo verdaderamente reprobable del filme de Gavaldón no es su ni falseamiento de la realidad, ni su falsa exaltación de la nacionalización del petróleo, sino su sospechosa actitud moral, permitiéndose la más amplia libertad en el empleo de los recursos más bajos del sentimentalismo para convencer (o mejor digamos, tratar de convencer) al público de la “nobleza” y la “bondad” de su personaje que es engañado por el inescrupuloso gringo agente de la compañía petrolera; es decir, por una parta, reprueba el empleo de mecanismos fraudulentos, y por otra parte él los usa.

Rosa Blanca es, sólo, una melancólica comedia de las equivocaciones. Todo se confunde: la xenofobia con el nacionalismo económico, las declaraciones del lopezmateísmo con las reivindicaciones del cardenismo, el desclasamiento servil del peón de hacienda con la radicalización campesina y —lo más imperdonable— el trabajo de Roberto Gavaldón con el de un director de cine”. Hasta aquí, lo escrito por José Luís Escalante Cordero.

Bienvenida la Cultura y su difusión cuando es inevitable aceptar que el pueblo recurre a todas las fuentes posibles para informarse y cuestiona la falta de presencia de la autoridad o el exceso de censura en una película como esta, sobre todo en asuntos que le importan y le afectan, como la misma explotación del petróleo en México, la consecuente expropiación petrolera y la ahora inevitable inversión privada en PEMEX.

¿Crecerá la circulación de la película la Rosa Blanca en Internet o será la autoridad la que promueva la proyección de tan interesante trabajo que fue censurado por 11 años antes de ser proyectada de manera limitada en los cines mexicanos en 1972?

Queridas y queridos lectoras y lectores, muchas gracias por su apoyo a nuestro Querido Amigo Manuel Rosero Avila, que Dios los bendiga siempre y que la salud de nuestro Amigo Sane pronto.

VEREMOS…


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